Caution!

CAUTION: THESIS WRITING IN PROGRESS!

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martes, junio 07, 2005

Escoliosis Enana

Ustedes pueden pensar que hay personas extravagantes. O que hay personas que a pesar de no tener nada fuera de lo común son extravagantes precisamente por eso. O que son “raras” o que incluso necesitan andar esquivando las rayas de la calle para ser extravagantes y mostrarse extravagantes ante sus vecinos para ser precisamente eso: normalmente extravagantes.

Otras personas nos atamos a la cama.

No es algo que considere especial, a veces si algo incómodo, pero es un asunto extravagante si se mira de un cierto modo, no todas las personas se atan a la cama. A sí mismas, quiero decir.

El motivo es sencillo: espondilolisis bilateral de L5 (sin espondilolistesis). Aunque realmente ése es el motivo extravagante, lo común sería decir: escoliosos, aunque no tiene nada que ver. Pero yo soy extravagante, aunque no por atarme a la cama.

Entre los amigos el motivo se conoce como Función escalón de Verteabriside se muestra a continuación representada en la figura 1.
Posted by Hello

Figura 1: función de Verteabriside

Resulta común el crujido de las vértebras, caderas y esternón. Lo extravagante quizá sea, para ustedes, el que yo me ate a mí mismo a la cama. Motivo: evitar retorcimientos nocturnos y que resto del día siguiente mi espalda cruja como las galletas integrales (ya saben, un crujido al principio y luego una especie de desmenuzamiento).

Tiene sus inconvenientes, no lo niego: a veces la correa que sujeta mi torso contra la cama imposibilitándome girar sobre mis costados, o peor aún, boca abajo, y se escurre hasta el cuello y tengo unas pesadillas de lo más clautrofóbico. Resulta también notorio el hecho de querer levantarse temprano para apagar el despertador (y luego volver a dormir) y descubrir que uno se encuentra pegado a las sábanas, literamente.

Si los dos casos mencionados ocurren simultáneamente una mañana, tras un sueño intraquilo, y se produce un repentino zambullido en la realidad, se obtiene el agravante del piso de arriba: tortícolis.

Pero no se preocupen, la escoliosis enana es síndrome de grandes trabajos y esfuerzos dedicados a una vida cultivada y beneficiosa. Si ustedes conocen un enano escoliótico, es sinónimo de beneficio mutuo para todos. Afortunadamente la nota de corte de medicina es alta, y esperamos que así siga siendo*.

viernes, junio 03, 2005

Convalidaciones

Mientras escarbaba hace unas semanas en una ensalada de la cafetería de la facultad, el descubrimiento de trozos de cáscara de huevo me hizo recordar que mi clase de Caos iba a empezar en breve. Apurando los restos de seto comestible me dirijí un viernes más a la clase a

Hoy, viernes no habrá clase de Caos. El profesor de la asignatura.

Encantador.

Y entonces me acordé del post del ingeniero. – Pues algo de razón si tiene…-

Créditos por Nadar

Tiempo estimado en tren: 50 minutos ida, 50 vuelta más 10 minutos de espera.
Tiempo estimado en autobús: 5 minutos ida, 5 vuelta más 10 minutos de espera.
Días lectivos desde el 4 de octubre al 31 de mayo [aproximadamente un año académico en la UAM]: 112 días.

Operando: (112 días) · (140 minutos/día) = 261 horas aprox.

Nota: las aproximaciones han sido realizadas muy a la baja.

Lo cual significa que, con la actual normativa, me corresponderían unos 26 créditos.
Pero claro, si se tiene en cuenta la normativa Europa de ECTS que contabiliza además las horas de tutoría [disputas con revisores, conductores y máquinas expendedoras] y el trabajo en casa del alumno [compra de billetes, cálculo de concatenaciones de horarios, teoría de asientos-orbitales de Pauli…] entonces podemos subir hasta 33 créditos. Prácticamente un cuatrimestre.

Pero todas esas horas no se han desaprovechado, se puede comer, hacer deberes, variable compleja, dormir, leer, mirar chicas guapas, sacarse mocos, roncar, escribir varios cuadernos mentales, suspirar y, sobre todo, pensar. Pasen y vean.

Estroboscopio: aparato que mide la cantidad de manchitas que tiene un plátano de Canarias.

domingo, mayo 08, 2005

Aquel CD destrozado por la lectora

Ahora que ya puedo poner fotos en el blog, no quería dejar pasar la oportunidad de mostraros cómo quedó el CD del post ¡Scratch!.

En la foto aparecen los restos que conseguimos rescatar y unir con celofán.


sábado, abril 30, 2005

Arte Moderno


Bajamos las escaleras hacia la Herrería Enana mientras comentábamos asuntos tales como el diseño de un aparato que permitiese proyectar en la pared un cronómetro, introduciendo la pantalla LCD de un reloj digital en el portaobjetos de un proyector de diapositivas*


Entramos.

Se acercó a la mesa de enfrente pero antes de llegar dijo -¡Que bonito!- y asombrado se paró en seco observando lo que mi padre tenía colocado encima de la mesa de trabajo.


Algo digno de estar un museo de arte moderno, al parecer.

Se admiten comentarios.


*Aunque obtuvimos una solución satisfactoria (en función del tiempo disponible) al problema en cuestión, no empleamos este método, ideado por mi padre. No está demostrado que sea imposible conseguirlo.

domingo, abril 17, 2005

Resonancia

Hace mucho, mucho tiempo, cuando yo estudiaba muchas horas seguidas el maravilloso mundo de la mecánica clásica, me encontré con el clásico péndulo acoplado (dos péndulos unidos con un muelle). Éste es un problema típico en la física. Es una manera de simplificar algo muy común en la naturaleza.

De hecho es tan común que si en vez de acoplar no dos, sino muchos (tantos que te cansas de contarlos), acaba uno explicando las ondas de una cuerda de saltar a la comba, las olas del mar con sus tsunamis y hasta las ondas sonoras en el aire cuando cae un rayo.

Fascinante.

A este cacharro se le puede llamar "Sistema de dos grados de libertad con oscilaciones pequeñas", pero yo prefiero llamarlo Generador de Resonancia. Realmente no funciona como debería, ya sabéis, el Meccanno no está hecho para experimentos punteros de mecánica física, pero aún así nos puede dar bastantes ideas sobre el asunto. Digamos que, en teoría, los dos pendulos (los palos largos con una bolita abajo) deberían oscilar de dos maneras naturales (o modos normales de vibración): los dos al unísono (en fase) o los dos opuestamente (en contrafase). Afortunadamente la naturaleza es sabia y esto pocas veces ocurre y lo normal es que sea una mezcla de los dos. Si nos tiramos media tarde mirando el aparato podremos ver que de pronto los dos se mueven a la vez y, pasado un rato, se alejan y acercan a la vez.

Yo sí me he tirado media tarde mirándolos.

Pero nunca ocurre. Esto es porque el aparato está lleno de pelos de gato que hace que los péndulos se paren (aparte del aire, que los frena un poco) y porque la gomita elástica que los une no es el paradigma de la Ley de Hooke. En mi caso el aparato cuenta con la ventaja de que una pequeña cuerdecita tira de un péndulo con una frecuencia constante, digo ventaja porque sino tendría que estar dándole con la zarpa.

Y qué es eso de "generador de resonancia". Sencillo: pongamos a Javier en un columpio de toda la vida y empujémosle. Va y viene. Contamos hasta tres y... ¡empujamos! Va y viene... ¡empujamos! Es decir, empujamos justo en el momento adecuado y así conseguimos que nuestro esfuerzo no se pierda al empujar un poco antes o un poco después. Habremos conseguido que Javier absorba la mayor cantidad de energía posible que podemos suministrarle. Si seguimos empujando en los momentos precisos observaremos la Resonancia: Javier saldrá volando del columpio.

Fascinante.

Si por el contrario empujamos de vez en cuando, de manera desordenada y sin prestar mucha atención conseguiremos que Javier se aburra en el columpio: va, viene, va, va, viene, va, se para, viene, viene, va. Un desastre vamos. Pero un desastre muy curioso... Quizá lleguemos a una situación caótica de esas que son impredecibles completamente. Que no sabemos en qué momento vendrá ni irá... A esto se le llama régimen caótico y desafortunadamente no lo he logrado con mi aparatito. Pero es muy sencillo conseguirlo con otro tipo de péndulo (uno colgando de otro), que espero construir pronto.

Lo gracioso del asunto es que, en mi aparatito (el péndulos acoplado) da igual que empiece a moverlos con uno de los péndulos totalmente horizontal, o más o menos inclinado, pasados unos segundos acabará haciendo siemrpe lo mismo... Pero si tenemos unos péndulos caóticos no pasa en absoluto eso, inclinarlos un poco justo antes de encender el motor cambia las cosas totalmente. Esto es debido a las características del régimen caótico (es muy sensible a las pequeñas variaciones iniciales).

Pero Javier es muy listo y, como buen ingeniero que es, con sólo colocar un aspa a uno de nuestros péndulos habrá mandado al garete todas las cascadas de bifurcaciones caóticas y la resonancia con ella. Y es que colocando un aspa (o un controlador con nombre de conservante de yogur) haces que todo el sistema se vuelva tranquilito y haga justo lo que debería hacer: los dos al unísono o los dos opuestos. El aspa frenaría los péndulos de tal modo que por mucho impulso que le des no consigues hacer saltar al ingeniero por los aires.

Y todo esto es importante. De lo contrario los edificios altos se romperían con el viento, o los puentes se irían al garete como al famoso puente aquel del viento, o el de los soldados...

Aún no se conseguido generar resonancia con mi juguete de meccanno, pero estoy seguro de que metiéndole algún motorcillo por algún sitio será fácil conseguirlo... Entonces la cosa ésa explotará y saltarán las piezas contra los gatos que halla alrededor* observando los dos inofensivos péndulos...




Mi generador de resonancia (Sistema de dos péndulos
acoplados)


*¿Cuánto tiempo creéis que uno de mis gatos se tira mirando el sistema de péndulos acoplados?

lunes, diciembre 27, 2004

¡Scratch!

Eso fue lo que se oyó un día en mi casa. Mi madre estaba en el piso de abajo, pensó que algo muy caro acababa de caerse al suelo y que se había hecho mil pedazos. Mil no, algo así como unos nueve. Los que pudo rescatar mi padre y pegarlos con celofán para enseñármelo mas tarde.

Lo que había reventado era, en concreto, el CD de Windows 98 que nos copiamos en junio de 2001 en un disco marca Acer con una capacidad de 650 Mb “Multi-Speed”. Y lo había hecho dentro de la lectora de cd’s.

El CD tenía, desde hace ya mucho, una pequeña rajita en el plástico que salía del agujero. Nada importante, habíamos visto (y usado) discos en peor estado.

Rápidamente me puse a hacer algunos cálculos. Investigando antes un poco, se han dado casos de discos rotos dentro de lectoras, desde luego. Y en algunos foros de informáticos comentan que pueden alcanzar (e incluso superar) las velocidades de los discos duros: entre 7.200 y 10.000 revoluciones por minuto. Muy, muy rápido.

Mi lectora era de 52X, o “cincuenta y dos velocidades”, cada “velocidad” o X, equivale a 150 Kbytes por segundo, esto es la frecuencia máxima con la que puede leer el láser de la máquina.

Claro, si la lectora se ha descontrolado (cosa que en mi ordenador ocurría siempre) y encontraba algún fallo, empezaba a girar muy rápido y a hacer un ruido nada tranquilizador. Fue entonces cuando se oyó el tremendo chasquido del disco al partirse en cachos. Algunos de ellos salieron de la bandeja y peinaron a mi padre (desde entonces ponía la mano en la tapa y cerraba un poco los ojos cuando aquello sonaba a hecatombe).

Me puse en el caso extremo: 10.000 revoluciones por minuto, una velocidad angular de 333,3π radianes por segundo. Tras unos cálculos desastrosos (la dinámica del sólido rígido es complicada, sólo quería obtener órdenes de magnitud) dije: ha sufrido una aceleración radial equivalente a colgarle una masa de 10 kg. Esto es muy relativo, porque si colgamos diez kilos no ocurrirá nada, deberíamos tirar de cada radio. Pero bueno, a lo bruto era algo así. O eso pensé. Fui al taller, cogí un disco y lo metí en una varilla de acero horizontal, donde podía girar libremente y estar bien holgado. Colgué bolsas con litros de leche y kilos de arroz... Nada. Comprobé si podía resistir la tensión de todo eso más la lata grande de tomate, el litro de lejía, el extintor pequeñito y la maza de mi padre. En total nueve kilos y medio. Pudo.

Decidí entonces que debería hacerle sufrir alguna tensión en otros ángulos: colgué la mitad del peso a 15 grados sobre la horizontal (la otra mitad pendían a lo largo de la vertical) y con una tercera cuerda tiré yo con un ángulo aproximado de 30 grados desde el otro lado, sosteniéndolo en equilibrio el sistema equivalía a tirar con una tensión de 40, 50 y 55 Newtons (o 4, 5 y 5,5 kilos aproximadamente) desde ángulos diferentes (dispuestos como las bisectrices de un triángulos equilátero, o casi). Nada. A pesar de todo eso el disco de prueba tenía una fisura en el borde del agujero (pero no una rajita de medio centímetro como el original).

Como me estaba aburriendo de todo aquello decidí que lo mejor era someterlo a oscilaciones forzadas transversales: doblarlo p’acá y p’allá. Y a pesar de todo el disco era bastante elástico y deformable. Hasta que no pudo más y... ¡Scratch! . Misión cumplida.

Luego aquel pobre disco que murió bajo tensiones radiales serias y velocidades de vértigo tuvo que sufrir eso o incluso más. También puede ser que la máquina lectora, a esa velocidad, dejase de ser estable y comenzase a oscilar, eso complicaría mucho las cosas, aceleraciones de Coriolis e historias similares... Y eso que no tenía nada pegado a la superficie d el disco.

Desde entonces la lectora casi no funciona, el susto fue mucho para ella. Yo he tenido colgado el cd roto desde entonces en una chincheta desafiándome a hacer cálculos complicados de deformaciones de plásticos en rotación. Algún día.

Hay una estupenda página donde destripan una lectora de CD:

Me acordé de Javier, donde en su carrera destripan cosas de esas y pueden hacer experimentos más sutiles que colgarle a un CD bolsas de plástico llenas de briks de leche. Un día de estos destriparé la lectora.

jueves, agosto 05, 2004

Piedras de Sílice naturales

Hola, soy Guillermo Domínguez, me recordarán de otras anécdotas como "Ricas Gammarus (Comida de Galápagos)" y "Fécula de patata deshidratada (comida de peces)".

Normalmente me documento más para escribir un post. Pero el poco tiempo que tengo debido a los exámenes y lo curioso de la anécdota me han hecho adelantarme un poco a mi investigación sobre la sílice.

Hemos comprado una nueva arena para los gatos, eso donde los felinos domésticos hacen sus necesidades. La novedad es que la "arena" está compuesta de piedras de sílice natural. Son unas piedras pequeñitas, del tamañano de una uña, desconozco el término geológico, algo más pequeño que la grava. Son blancas y con aristas. La novedad (aparte del precio) es que son absorventes y eliminan olores.

He comprobado su capacidad de absorción introduciendo cuatro de estas piedrecitas en un vaso con 10 ml de agua, el volumen subió a más de 15 ml. Al contacto con el agua las piedras burbujean, la capa blanca que las cubre desaparece y se hacen transparentes poco a poco, hasta que agotan la reacción química espontánea, por la cual expulsan gas (burbujitas de lo que sea). Durante esta reacción se oye un sonidito similar al de un medicamente efervescente. Al cabo de una hora las piedras están totalmente transparentes y el volumen... ¡Ha vuelto a bajar hasta 10 ml! Curiosamente ahora las piedras son más quebradizas. La piedra de sílice no es delicuescente (absorber agua de la atmósfera hasta disolverse) porque sino, menudo timo.

Cuando abrimos el paquete me percaté de que no olía a nada. Pero como buen científico quería saber si sabía a algo. Cogí una piedra y la puse sobre mi lengua.

He de incidir en el efecto de poner sobre la lengua. Porque aquello se pegó literalmente a mi lengua. Claro, yo había leído que absorbían, pero no imaginé que le daría tiempo... No lo imaginé siquiera, vale.
Y ahora dirán ustedes, ¿y esa era la anécdota?

En absoluto.

Los gatos son animales con un olfato muy desarrollado, al igual que los perros. Mis gatos, ante la novedad de ver su caja de arena con otro material hicieron lo que todas las veces hacen: olerlo. Bueno, y también lamerlo.

Y fue entonces cuando me encontré a tres de mis gatos con una piedra de sílice pegada a la lengua andando por casa y mirándome con cara de lástima. La misma que debí poner yo al despegar de mi lengua aquella piedra que me quemaba por la reacción (exotérmica).

Niños, no chupéis piedras de sílice en casa.